Rememorando aquellos tiempos de guerra, en la que España estaba bajo el régimen franquista, me gustaría resaltar un relato que D. José Barreiro Barral añadió a su libro Los Montes del Pindo Olimpo Celta y Desierto de Piedra, quecreo que sinceramente es bastante interesante:
“Cuando en el verano de 1936, y después de empezar la Guerra Civil fueron llamados a presentarse en la Ayudantía de Marina de Corcubión los mozos que por excedentes de cupo de quintas anteriores, estaban en sus casas en plan de reserva, en vez de presentarse en la oficina de la Marina se fueron al monte para refugiarse durante los días que ellos creyeron que duraría esa contienda.
Un mes después, eran llamados los mozos de la quinta inmediata que también hicieron lo mismo yéndose al monte, y luego empezó la movilización de quintas futuras y de las anteriores que ya llevaban varios años en la reserva, y todos se fueron al monte
Aquella aventura no fue promovida por ningún líder ni razón ideológica alguna; fue sencillamente el terror a una guerra entre hermanos que aquí no concebían, y al mismo tiempo por creer que su duración era cosa de días más o menos.
Cuando los mozos del Pindo se internaron en sus montes, ya había otros procedentes de diferentes pueblos del entorno, que no solo eran prófugos de sus deberes militares, si no que eran hombres perseguidos por pertenecer a sindicatos laborales, y que allí fueron a refugiarse. Estos, más preparados en cuestiones sociales fueron aleccionando a los jóvenes del Pindo en asambleas que celebraban en pleno monte a la luz de la luna, y fue a partir de estas reuniones nocturnas, cuando los mozos del Pindo se politizaron asociándose a la causa de los sindicatos que por su pertenencia a comités socialistas eran perseguidos a muerte.
Al no haberse presentado los mozos del Pindo al llamamiento de la autoridad de la Marina, se ordenó a la Guardia Civil y a las milicias de Falange para que averiguasen su paradero, requiriendo de padres de los prófugos toda noticia que pudiesen darle sobre sus hijos y el lugar en donde se encontraban. Entonces los padres eran trasladados a la Casa del Posito de Pescadores, donde eran torturados para que declarasen el paradero de sus hijos prófugos. Y ante la tenaz negativa de los padres, los agentes de aquella autoridad verdiazul repartieron tales palizas que alguno murió a los dos días de haberla recibido.
Para satisfacer las necesidades imprescindibles de los refugiados en el monte, las madres con el pretexto de ir a por leña llevaban a sus hijos, pan, tocino, pescado, tabaco, y aquello que se estimaba de más urgente necesidad, siempre con la esperanza de que aquella revolución terminase pronto y pudiese cada uno reintegrarse a su vida como ciudadanos normales. Pero la cosa se complicaba cada vez más, y la vida de los refugiados se hacía cada vez más difícil e insostenible.
Se montaron servicios de vigilancia para evitar que las madres suministrasen recursos alimentarios a sus hijos, y alguna fue sorprendida en tal empresa, recibiendo el castigo de ser apaleada en la Casa del Pósito. Al estanquero le quitaron el estanco culpándole de ser cómplice de aquella deserción, y también le propinaron su paliza.
Aquello motivó a que las madres suspendiesen el suministro a sus hijos refugiados, pero también ocasionó que unos y otros al sentirse perseguidos y maltratados se enardecieran cada vez más contra los promotores de aquella contienda, a lo que mucho contribuyó lo que aprendían en las asambleas nocturnas. Entonces se impuso para los refugiados la necesidad de tener que bajar a sus respectivos hogares para recoger su dieta, ocasión que también aprovechaban para echarse una siesta en su cama de antes.
Aquella nueva situación no podía ser más comprometedora, ya que podían ser sorprendidos en su propia casa. Entonces un niño del pueblo, y sin que nadie se lo mandase, al ver a la Guardia Civil o a los falangistas recorriendo las casas empezaba a cantar a toda voz una especie de contraseña que decía “Omesomonte” “Omesomonte”, recorriendo en su cantinela los barrios del pueblo. Y los prófugos al sentir aquella voz infantil conocida, huían por entre los peñascos del monte hacia sus guaridas, donde no era nada fácil encontrarlos.
Según informes de los propios protagonistas de aquella aventura, llegaron a reunirse en estos montes tan hoscos como hospitalarios, más de sesenta hombres, la mayoría procedentes de otros pueblos, entre los que había algunas armas cortas como viejos revólveres y algunas pistolas de diferentes calibres que nunca fueron usadas, especialmente por ser muy escasa la munición.
Como la vigilancia de los “milis” se incrementó, ya que resultaba más prudente esperarlos abajo que subir al monte a por ellos, algunos fueron sorprendidos cuando bajaban a por víveres, y ya no volvían al monte, lo que en la colectividad desertora se notaba restringiendo cada vez más las bajadas al pueblo. Todos los “cazados” por la vigilancia de los falangistas y Guardias Civiles eran llevados a la casa del pósito para declarar, y después de recibir su “repaso” eran conducidos a la cárcel.
Los problemas para los refugiados en el monte se complicaban cada vez más, a pesar de que en pueblo sus familiares trataban de agudizar su ingenio para no desamparar a los suyos. Al ver que los caminos más frecuentes estaban vigilados, intentaron hallar otros senderos serpenteando por entre los peñascos, pero que suponían más rodeo, y desde los collados los refugiados con prismáticos veían a las mujeres en sus intentos de llevarles suministros, y escurriéndose al abrigo de las peñas bajaban a su encuentro para recibir el ansiado pan. Entonces los refugiados trataron de valerse por si mismos, para evitar a sus familiares tantos trabajos y riesgos. Fue entonces cuando acordaron frecuentar las casas de las aldeas de la montaña para pedir los socorros necesarios, y les daban pan, patatas, tocino y hasta tabaco, y en los rebaños que andaban por los montes se apoderaban de cuando en cuando de alguna cabra o cordero que sacrificaban para su alimentación.
El segundo año fue el más penoso, por cuanto la salud de aquellos hombres empezó a resquebrajarse y las enfermedades aparecieron.
Entonces empezó a vislumbrarse la idea de entregarse a las autoridades, en lo que unos estaban de acuerdo pero otros se oponían por temor al castigo. Con tal motivo se reunían en asamblea para tratar de hallar alguna solución a sus graves problemas, y de una de aquellas reuniones salió la idea de buscar la liberación por otras vías.
Se ordenó que una compañía de Infantería se trasladase al Monte Pindo para obligar a los refugiados a que se rindieran; pero los montes de Pindo recibieron en su hosquedad eterna a los soldados que no sabían por donde y a donde dirigirse, porque allí no había más que piedras inaccesibles. Y en su intento de escalada, a un infortunado soldado le exploto su propia dotación muriendo en el acto, cosa que enardeció al comando de aquella unidad que dio orden de disparar contra todo objeto que se moviese; y como en aquellos instantes uno de los refugiados se hallaba en su casa y quiso volverse a su escondrijo cercano, fue visto y muerto a tiros en el acto. Aquel joven muerto a pocos metros de su casa fue el único que murió en el escenario de su deserción, pero también fue suficiente para que los mozos del Pindo se rindieran, siendo llevados a la cárcel de La Coruña y pronto incorporados a los cuarteles militares de donde algunos huyeron a pie hasta su casa, siendo necesario que la Guardia Civil fuese a detenerlos e incorporarlos de nuevo.
Ya en los últimos meses de guerra fueron mandados al frente en puestos de retaguardia.
Hay que reconocer que la justicia de aquella época no pudo ser más benigna con aquellos hombres.
Aquella aventura de los prófugos del Pindo que estuvo inédita tantos años, tal vez llegue algún día llegue a historiarse con el necesario detenimiento…”
Libro: Los Montes del Pindo Olimpo Celta y Desierto de Piedra
Capítulo XIV
Autor: D. José Barreiro Barral, estudioso del macizo del Pindo
Como dice el Sr. Barreiro Barral, sería fantástico que se llegara a historiar con todo detalle la aventura de esa gente que huyó al Monte Pindo para esconderse de una guerra entre hermanos que bajo ningún concepto tolerarían, una guerra innecesaria en la que muchos españoles se dejaron la vida por defender lo que creían justo.
sábado, 22 de marzo de 2008
Memorías de la Guerra Civil
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Etiquetas: Guerra Civil, Historias, Leyendas, Monte Pindo
miércoles, 5 de marzo de 2008
Restos de la Edad de Bronce en el Monte Pindo
El monte pindo es uno de los montes míticos de Galicia, lo que se dice que albergó el Olimpo celta y lo que probablemente dio origen a más leyendas. Pero el cierto es que no se conocían yacimientos arqueológicos en él. Es ahora cuando el Pindo, situado en el ayuntamiento de Carnota (A Coruña) mirando al mar de Fisterra, ofrece de la mano de un descubrimiento de los espeleólogos del Club Maúxo de Vigo una muestra clara de la huella de nuestros antergos. Se trata de unos restos de cerámica correspondientes a la Edad del Bronce que una delegación del club entregará hoy como depósito en el Museo Arqueológico y Histórico de San Antón de la Coruña. «A ver si así se ocupa algún arqueólogo de excavar en serio», dice el secretario del club, año pasado nos montes del Pindo, coincidiendo con la preparación de unXavier Groba. El hallazgo de fragmentos a la vista en el interior de algunos pasajes de una cueva se produjo casualmente ya el congreso internacional (International Conference on Granitic Caves) coorganizado por el Club Espeleolóxico Maúxo y la comisión del Pseudokarst de la Unio International Spelology (vinculada a la Unesco) y el Instituto Universitario de Geología (IUX) Isidro Parga Pondal de la Universidad de la Coruña. Al citado evento, en septiembre del 2007, asistieron 30 estudiosos especializados (geólogos, geógrafos, espeleólogos...) en el estudio de cuevas graníticas y materiales semejantes (cuarcitas, cuarzo...) de 14 países, visitándose las cuevas de cuarzo (Pico Sagrado) y granito (principalmente la cueva de O Folón, Vigo, y las de la sierra del Gallinero y Baiona) más singulares de Galicia y Norte de Portugal (se visitó también el Castillo de las Furnas, en Boivãlo, Valença).
El hallazgo fue comunicado inmediatamente a las autoridades de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura, mas transcurridos los meses, y habida cuenta el retraso en la catalogación del lugar y lo deterioro que se observaba que estaban a sufrir algunas piezas por la acción de las aguas soterradas, los miembros de Maúxo procedieron al rescate documentado de nueve trozos cerámicos, los que hoy depositan en el museo de Sano Antón para su custodia y exposición pública .
Primera cueva granítica de la Coruña con yacimiento
Para los miembros del Club Espeleolóxico Maúxo, el importante es que se trata de la primera cueva granítica de la provincia de la Coruña conocida donde se comprueba la existencia de un yacimiento arqueológico prehistórico de estas características. Y ellos son una fuente fiable para hablar del tema porque su actividad como espeleólogos se centra justo en la exploración de las cuevas graníticas.
Segun la información que manejan, en Galicia se sabe desde hace años de otras cuevas graníticas con yacimientos semejantes, pero todas están en la provincia de Pontevedra. Los dos ejemplos principales son las cuevas del Folón (Vigo) y de la Cunchosa (Cangas).
Los portavoces del C.E. Maúxo, integrado en la actualidad por unos quince miembros de toda Galicia, aunque la mayoría son de Vigo y el Val Miñor, destacan también la importancia de que el descubrimiento tuviera lugar en una cueva en el Pindo, porque «es una de las montañas más afamadas de Galicia por sus espectaculares paisajes, vistas, geología, flora, leyendas, historia...». «Consideramos que este yacimiento de la Edad del Bronce permitirá ahondar en el conocimiento de la prehistoria del lugar. De hecho, el interés del club, del IUX y del propio museo es lo de potenciar el estudio de las cuevas de la zona, lo que sin dudas permitirá conocer mejor nuestra prehistoria».
Características de la cueva
La cueva donde se localizó el yacimiento arqueológico se encuentra en un punto de difícil acceso en el Pindo (los datos concretos de su situación, coordenadas y topónimo sólo se les comunican a las autoridades competentes para proteger así el yacimiento). La cavidad granítica tiene unos doscientos metros de desarrollo lineal y alrededor de cincuenta de fondo y ya era conocida por J.M. Vidal Romaní (catedrático de geología del IUX).
Edad del Bronce
Las piezas rescatadas se pueden circunscribir sin sus más y sus menos (polos paralelos conocidos en otro tipo de yacimientos) a la Edad del Bronce (entre lo 2000 y el 1600 la. de C.). Entre ellas figura una decorada, la primera que se reconoció, que formaba parte de un cacho de un cacharro de tradición campaniforme. En concreto se trata de un fragmento del cuello de una pieza cerámica de considerable tamaño. Su decoración está dividida en bandas horizontales donde alternan líneas incisas con otras impresiones oblicuas."
Enlace La Voz De Galicia
Enlace "El Laberinto Atlántico"
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martes, 27 de noviembre de 2007
Piratas en la "Costa da Morte"
...La sacudida de una ola derribó al corsario sobre la cubierta y, por un instante, tuvo la sensación de precipitarse hacia las profundidades. La borrasca se desencadenaba por encima de su cabeza, y a veces, lanzaba al chocar contra el aparejo un largo aullido que le hizo temblar de pies a cabeza. El mástil le había golpeado en su caída, despertándole bruscamente de su ensoñación…, luego se hizo un intervalo y contempló en el silencio de las aguas un relámpago, que iluminó por un instante la lontananza, y allí estaban Fisterra, Corcubión, Cee, los montes celtas de O Pindo, lo había conseguido, allí estaba, oyó el estrépito de los rompientes de la pleamar, mientras el viento del oeste soplaba sin cesar.
El desmantelado casco desaparecía en el mar, la proa ya enfilaba al cielo, aquel cielo que tantas veces había estudiado para guiarse por este mar que ahora se lo quería tragar. En su delirio en el medio del temporal, cuando adivinó que el cielo se juntaba con el mar, oyó una voz en medio de la tormenta que decía “¡Jack Rakman, eres el más grande!”.
Ahí duerme El Delfín de Cedán con sus bodegas anegadas por el agua llenas de tesoros y de esqueletos de piratas, aquellos piratas que Jack Rakman no dejó salir a cubierta pues el sólo era capaz de vencer aquel temporal…
Piratas na Costa da Morte
X.G
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